El método que Alex Dey perfeccionó en 35 años y más de un millón de vendedores, en un solo día en vivo. Practica hasta que pedir la venta te salga natural.
Tu vida entera es una venta.
El trabajo que tienes, lo cerraste. La persona con la que estás, la cerraste. El precio que aceptaste, el aumento que no pediste, la oportunidad que dejaste ir porque no supiste qué decir en el momento decisivo — todo eso fueron cierres. Unos los ganaste. Otros los perdiste.
Todo lo que tienes hoy, lo cerraste. Todo lo que no tienes, no supiste cerrarlo.
Por eso te digo con toda honestidad: vender no se trata de vender. Se trata de conseguir lo que quieres en la vida. El que no sabe cerrar no pierde nada más una comisión — pierde la vida que pudo haber tenido, y se queda esperando a que las cosas le lleguen solas. Y no llegan solas. Le llegan al que sabe pedir y sabe conducir hasta el sí.
Yo era un niño descalzo boleando zapatos en la frontera. Si algo sé, es esto.
— Alex Dey
Léelas despacio. Si te reconoces en tres o más, este día es para ti.
Si te reconociste, no tienes un problema de esfuerzo. Tienes un problema de técnica. Y la técnica se aprende.
En mis años estudiando vendedores comprobé dos cosas que explican casi todo.
de los vendedores fracasa justo en el cierre. No en la prospección, no en la presentación — en el último metro, con el cliente ya convencido enfrente.
de las presentaciones se hacen sin siquiera la intención de cerrar. El vendedor habla, explica, se emociona… y nunca pide la venta.
¿Por qué? Por miedo. Y el miedo casi siempre nace de la ignorancia: nadie te enseñó qué decir ni cuándo decirlo. Te enseñaron tu producto, te dieron un folleto y te mandaron a la calle a improvisar.
Yo lo digo así: para triunfar económicamente solo hay que dominar tres cosas — comprar, vender y cobrar. Conoces tu producto: eso es comprar. Sales a presentarlo: eso es vender. Pero cobrar por tu trabajo, eso es cerrar. Y ahí es donde se cae casi todo el mundo. Trabajan gratis sin darse cuenta.
Nací en Parral, Chihuahua, y crecí en la pobreza en la frontera. Boleé zapatos siendo niño para ayudar en mi casa. No tenía estudios, ni contactos, ni apellido. Tenía hambre — de las dos clases.
Un día entendí algo que me cambió la vida: nadie iba a venir a rescatarme. Si quería salir de ahí, tenía que aprender a hacer que la gente me dijera que sí. Empecé a estudiar ventas como un obsesionado — dos horas de audios todos los días, practicando hasta que las palabras me salían solas.
Lo que pasó después no fue suerte. Fui reconocido como el vendedor más destacado de El Paso. Llegué a la Mesa Redonda del Millón de Dólares vendiendo seguros — uno de los hispanos más jóvenes en lograrlo. Levanté restaurantes, tintorerías y una empresa de importación y exportación. Y a los 26 años ya era millonario. El mismo niño de los zapatos.
Pero lo que de verdad me llena no es eso.
En más de 35 años he entrenado a más de un millón de personas en presencial, en más de 5,000 conferencias por toda América Latina, Estados Unidos y México. He capacitado equipos comerciales de empresas Fortune 500 y de aseguradoras que viven o mueren por su fuerza de ventas. Escribí La Biblia del Vendedor, que hoy está en las manos de vendedores de todo el mundo hispano.
Y en cada uno de esos escenarios vi lo mismo: gente común, sin títulos ni contactos, que aprendió la técnica y en meses estaba facturando lo que antes le parecía imposible. Vendedores que pasaron de la angustia de fin de mes a comprar casa. Dueños de negocio que dejaron de regalar su trabajo. Padres que le cambiaron el futuro a sus hijos — no por suerte, sino porque aprendieron a cerrar.
Yo no te voy a enseñar teoría de libro. Te voy a enseñar exactamente lo que usé para salir de abajo, y lo que le he visto funcionar a un millón de personas antes que tú.
Casos reales de personas entrenadas por Alex Dey.
Nombre, país y resultado concreto — pendiente del equipo de Alex Dey.
Nombre, país y resultado concreto — pendiente del equipo de Alex Dey.
Nombre, país y resultado concreto — pendiente del equipo de Alex Dey.
Durante años creí que los grandes vendedores nacían así. Que tenían un don, un ángel, una labia especial. Estaba equivocado.
Lo que descubrí estudiando a los mejores es que todos hacían lo mismo: tenían un inventario de cierres listo en la cabeza, y sabían cuál usar en cada momento. No improvisaban. Tenían sistema.
De ahí salió el método de los 12 cierres: doce formas probadas de llevar a una persona hasta el sí, cada una para una situación distinta. Cuando el cliente objeta el precio, hay un cierre. Cuando te dice que lo va a pensar, hay un cierre. Cuando te ataca, hay un cierre — y ese te lo devuelve a favor.
No es magia, no es manipulación y no es presionar. Es saber qué decir cuando antes te quedabas callado.
Y como toda técnica, se aprende. Deseo, más técnica, más fuerza de voluntad: esa suma da éxito. El deseo y la voluntad ya los traes — si no, no estarías leyendo esto. Lo que te falta es la técnica. Y eso te lo doy yo en un día.
La diferencia no está en cuánto trabajas. Está en qué dices en el último metro.
Sales a vender esperando que el cliente se decida solo. Cuando te objeta, improvisas. Cuando dudas, callas. Aceptas el “lo voy a pensar” con una sonrisa y te vas con las manos vacías. Al final del mes culpas a la economía, al precio, a la competencia — y empiezas otra vez de cero, sin saber cuánto vas a ganar.
Entras a la cita sabiendo a dónde la vas a llevar. Cuando te dicen “está muy caro”, no te achicas: tienes la respuesta exacta. Cuando te dicen “déjame pensarlo”, sabes convertirlo en decisión ahí mismo. Pides la venta sin que te tiemble la voz, porque ya no estás improvisando — estás aplicando un método.
Y lo más importante: dejas de depender de la suerte. Empiezas a decidir cuánto ganas.
Vives de convencer a alguien de decir que sí — vendas seguros, bienes raíces, autos, servicios financieros o ventas directas.
Si eres emprendedor o autónomo y haces un trabajo excelente pero te incomoda cobrarlo.
Si tienes un negocio y tu facturación depende demasiado de ti.
O si simplemente entendiste que todo en la vida se consigue cerrando, y quieres dejar de perder lo que ya era tuyo.
Buscas motivación bonita para sentirte bien un rato y seguir igual el lunes.
Si crees que existe una fórmula mágica que vende sin que tú hagas nada.
Si piensas que vender es engañar — aquí enseño a ayudar a la gente a decidir lo que ya les conviene.
O si no estás dispuesto a practicar hasta que te salga natural.
Yo te doy la técnica. La fuerza de voluntad la pones tú.
Un día completo conmigo, en vivo, ha costado cientos de dólares por persona durante años. Podría cobrarlo otra vez y se llenaría igual. Pero no es lo que quiero.
Mi misión — la razón por la que sigo subiéndome a una tarima después de 35 años — es formar millonarios. Gente común, como el niño que boleó zapatos, que descubre que con técnica y fuerza de voluntad puede cambiarle el destino a su familia. Cada persona que aprende a cerrar deja de ser víctima de su suerte. Y eso es lo que me mueve.
Por eso puse este día en $9: para que el precio no sea la excusa que te deje afuera.
No quiero que lo pienses. Quiero que estés en esa sala. Y hazme una cuenta rápida: ¿cuánto vale una sola venta tuya? Si este día te ayuda a cerrar una — una sola — ya te lo pagaste mil veces.
Es un sábado. Y déjame preguntarte: ¿cuánto tiempo pierdes cada semana en citas que terminan en nada? Este día es justamente para que dejes de perderlo.
Casi todos enseñan a presentar. Muy pocos enseñan a cerrar — que es donde se cae el 80%. Aquí vamos directo al último metro, que es el que paga.
Yo tampoco lo era. Era un niño tímido boleando zapatos. Cerrar no es tener labia: es saber qué preguntar y cuándo callarse. Eso se aprende.
Los cierres no dependen del producto, dependen de la naturaleza humana — y esa no cambia. Los he visto funcionar en seguros, casas, autos, servicios y hasta en el amor. Vendas lo que vendas.
Son $9. Pero si el día no te aporta nada, escríbenos y te devolvemos tu dinero sin preguntas. El riesgo es mío, no tuyo.
Piensa en cuánto ganas cuando cierras una venta. Ahora piensa en cuántas se te escaparon este mes con un “déjame pensarlo”. Dos, tres, cinco.
Multiplica eso por doce meses. Ese número — el de verdad, el que acabas de hacer en tu cabeza — es lo que te está costando no saber cerrar. Cada año. Y el año que viene otra vez, si no cambias nada.
Del otro lado hay $9 y un sábado. Nunca vas a tener una decisión más fácil que esta.
El evento es en vivo y los lugares son limitados. Cuando se llenan, se cierra la inscripción — y el siguiente no sé cuándo será.
Y mírate: llevas rato leyendo esto porque algo aquí te tocó. No hagas contigo mismo lo que tus clientes te hacen a ti. No lo dejes para pensarlo.
Sábado 29 de agosto a las 9:00 AM (hora Ciudad de México), en vivo y online por [plataforma]. Al inscribirte recibes el enlace de acceso.
Tienes la grabación completa por 30 días. Pero haz lo posible por estar: en vivo puedes preguntar y llevarte tus dudas resueltas.
Sí. De hecho es el mejor momento: vas a empezar con la técnica correcta en vez de pasar años aprendiendo a los golpes, como me tocó a mí.
Sí. Si vendes tu producto, tu servicio o tus ideas, cerrar es la habilidad que más dinero y más oportunidades te va a devolver. Vendas lo que vendas.
Recibes de inmediato un correo con la confirmación, el enlace del evento y las instrucciones de acceso.
Son $9. Pero si el día no te aporta nada, escríbenos y te devolvemos tu dinero sin preguntas. El riesgo es mío, no tuyo.
Si llegaste hasta aquí, es porque sabes que estás dejando dinero — y oportunidades — sobre la mesa.
Yo no nací sabiendo cerrar. Lo aprendí porque no tenía de otra. Y desde entonces he visto a más de un millón de personas cambiar su vida con lo mismo que te voy a enseñar el sábado.
Te espero adentro.
— Alex Dey